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El Serengueti Octubre 4, 2013

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*??* El Serengueti es de esos sitios que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí. Una vez acampé en la entrada del parque Masai Mara y pasé la noche del loro porque se nos ocurrió hacer una barbacoa (!) y el olor congregó a una manada de hienas. Son muy grandes las hienas cuando las tienes al lado: surgen de la oscuridad como sombras con ojos como brasas y vienen con hambre. (Jacinto Antón, El País, El Viajero, 27 SEP 2013, Enlace)

 >>> Este texto es relevante y significativo por ser de Jacinto Antón, uno de los autores más recomendables del periodismo cultural español actual. No hay más que buscarlo en Internet y leer alguno de sus artículos: magistral y lleno de referencias eruditas. El tono informal y coloquial de la construcción, de la frase, se ha de aceptar aquí, porque permite arrancar un artículo para un suplemento conmemorativo de El Viajero, de El País. El formato de la frase es una concesión que pone de manifiesto la adaptación a la ocasión y al entorno. Pero frases como A o B, a continuación, no son nada recomendables para cualquiera: por la ambigüedad de los sentidos 1-4, entre especificativas de relativo y consecutivas ponderativas, o por el tono de registro informal o coloquial. Es una expresión en un formato difícil de encontrar o justificar, en el texto de alguien con poco dominio de la escritura, del contexto y de la ocasión.

 >>> Simplificando: A), El Serengueti es de esos sitios que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

1. El Serengueti es uno de esos sitios DONDE te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

2. El Serengueti es un sitio de esos DONDE te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

3. El Serengueti es uno de esos sitios TALES que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

4. El Serengueti es un sitio de esos tal que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

5. El Serengueti es un sitio de esos que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí. [Registro informal / habla coloquial, según la Gramática de la RAE y AALE, Manual, §45.6.1c]

 >>> Más simple: B), *?*Barcelona es de esos sitios que todos quieren vivir allí.

1. Barcelona es de uno esos sitios que todos quieren vivir allí.

2. Barcelona es de esos sitios donde todos quieren vivir.

3. Barcelona es un sitio de esos que todos quieren vivir allí.

4. Barcelona es un sitio tal que todos quieren vivir allí.

 

>>> ARGUMENTACIÓN DE AUTORIDAD:

(1). Según la Gramática de la RAE y AALE, Manual, §15.2.3c, “cuando el modificador ponderativo aparece explícito, estas construcciones [de un enfático] presentan un patrón de entonación bimembre, con una rama tensiva (Pregunta unas cosas…) y otra distensiva similar a la de las construcciones consecutivas: [...] Ese manantial es de un agua que corta, de tan fina y tan fría, es decir ‘tal agua que…’ o ‘un agua tal que…”. Y por tanto, El Serengueti es uno de esos sitios que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

(2). Según la Gramática de la RAE y AALE, Manual, §45.6.1a, “se llaman consecutivas ponderativas (o simplemente consecutivas) las construcciones formadas por los determinantes cuantificativos tanto / tanta / tantos / tantas (o la forma apocopada tan), así como por los determinantes cualificativos tal / tales, seguidos de una oración subordinada encabezada por la conjunción que. [...] A tal extremo llegaba su generosidad que apenas pensaba en sí mismo.Por tanto, El Serengueti es uno de esos sitios tal que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

(3). Según la Gramática de la RAE y AALE, Manual, §45.6.1c, “se emplea el indefinido un, más frecuentemente que tal, en los registros informales, como en Hace un frío que pela. No obstante, ambos determinantes son compatibles, como en Se armó un revuelo tal que…  [...] En el habla coloquial se obtienen construcciones consecutivas con la pauta «de un + adjetivo»: Es de un mal gusto que asusta.Por tanto, El Serengueti es [uno] de esos sitios que te tienes que pellizcar para creerte que realmente estás allí.

polvito blanco Marzo 25, 2011

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*** Creo recordar que las únicas palabras interesantes en la última ceremonia del Oscar salieron de la afilada boca de Charles Ferguson, creador de Inside job. [...] Comienza en un paraíso llamado Islandia, [...] De ahí nos trasladan a Nueva York, al corazón de la bestia, donde banqueros1 privados y públicos, [...] provocan el colapso económico mundial como resultado de haber pasado décadas vendiendo humo, [...] especulando en plan hiena, [...] estimulados continuamente por ese polvito2 blanco que2 les hace sentirse dioses y putas3 de superlujo que3/2/1 relajan del extenuante trabajo de robar al prójimo. (CARLOS BOYERO, en El País, 25/03/2011)

en papel y en Internet Enero 9, 2011

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La RAE fija su canon de literatura clásica en español a través de 111 títulos

Ha tardado más de dos siglos, pero finalmente la Real Academia Española (RAE) cumplirá uno de sus deberes a lo grande. A partir de febrero comenzará la publicación de su Biblioteca Clásica, una serie con las mejores obras de la literatura española, que arranca con un hito de la épica medieval -el Cantar de Mío Cid- y se cierra con el magistral fresco rural de Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán. [...]

Pero hay otro aspecto de la colección, que editará Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y que financia la Fundación La Caixa, que la distingue de iniciativas anteriores. Los clásicos no solo tendrán versión impresa, también podrán descargarse versiones digitales de libre acceso y textos para dispositivos electrónicos, que estarán disponibles desde el portal de la RAE. [...] La oferta digital irá rotando 12 obras en la web de la institución. (TEREIXA CONSTENLA, en El País, 05/01/2011)

por Linda y Ron Diciembre 1, 2010

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— La perra Linda murió este verano y está enterrada bajo un limonero cerca del mar. Su compañero de toda la vida, el negro Ron, no ha podido resistir su ausencia. Le bastaron dos meses de separación para que una mañana apareciera con todo el pelo blanco y acaba de morir de melancolía en la ciudad, lejos de su amiga. [...] (MANUEL VICENT, en El País Domingo, 28/11/2010)

— Bajo un siroco de fuego, que nos ha visitado al final de agosto, ha muerto mi perra Linda, una cocker americana. Era pequeña, chata, muy rubia, con el flequillo sobre los ojos y debido a la gran clase que llevaba encima no necesitaba hacer ninguna gracia especial para sentirse reina. [...] (MANUEL VICENT, en El País Domingo, 05/09/2010)

neologismo, innovación y ‘Las Meninas’ Octubre 14, 2010

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—”Los lenguajes, con sus palabras y con sus reglas para combinar palabras, se usan para adquirir y transmitir conocimiento, es decir, sirven para contar historias.

Pero todo cambia con el uso, también el lenguaje. A veces, una historia requiere la invención de una palabra y así crece el diccionario y se mueve la gramática entera. Hablemos por ejemplo de dinosaurios. Una de sus grandes aportaciones a la evolución fue sin duda la pelvis. Los andares de un cocodrilo todavía se expresan en rancio lenguaje prepélvico. [...] Sin embargo, la palabra pelvis no se extingue. Se inventa y reinventa. La pelvis revoluciona el lenguaje del movimiento en seco y alcanza cotas de pura poesía en el vuelo de las aves. ¿Hay algo que el ser humano haya envidiado más que el vuelo de, digamos, una gaviota? El último ancestro común entre los mamíferos y los dinosaurios no llegó a disfrutar de una pelvis, así que hubo que reinventarla por pura convergencia… ¿Qué hubiera sido de Elvis sin su pelvis?

Con el lenguaje cultural ocurre algo parecido. Diseñamos objetos, los objetos son palabras y cuando triunfa una palabra nueva, se renueva todo el lenguaje. Existe la selección natural de la selección cultural. La tecnología, por ejemplo, tiene su lenguaje y hay palabras en desuso (extinguidas) cuyo significado tendemos a olvidar. [...]

En Las Meninas, Velázquez sublima este lenguaje tridimensional en dos dimensiones y se permite incluso insinuar un paso más: la introducción del tiempo como una cuarta dimensión, algo así como el espacio-tiempo de Minkowski en la física relativista. Michel Foucault lo sugiere en el inspirador prólogo de Les mots et les choses: cada personaje de esta celebérrima escena aparece en un tiempo de reacción diferente respecto de la irrupción del rey Felipe IV y de la reina Mariana en la estancia (se reflejan en el espejo del fondo de la sala): Velázquez ha bajado la paleta y mira hacia el espectador (¡cielos, el Rey!), la infanta Margarita aún tiene la cara girada hacia el perro, que acaba de recibir una patada del bufón Nicolasito, pero sus ojos ya miran hacia el espectador (¡cielos, mi padre!), la dama de compañía que ofrece agua a la infanta aún no se ha percatado de nada, pero la otra dama ya ha iniciado una reverencia hacia el espectador (¡madre mía, el Rey!), Mari Bárbola se ha quedado petrificada (¡Dios mío, mi Rey!)… Velázquez propone, sin proclamarlo, una revolución que apunta más bien hacia el lenguaje cinematográfico (tres dimensiones de espacio y una de tiempo)”. (JORGE WAGENSBERG, “Sin novedad desde el Renacimiento”, El País, 07/10/2010)

Vargas Llosa en Bookworm, la entrevista Octubre 8, 2010

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—”Desde que comencé a publicar libros me han hecho decenas, acaso centenares de entrevistas, y todas las fui olvidando a medida que ocurrían. Menos una, que, con el tiempo ha ido cobrando proporciones míticas en mi memoria. Ocurrió hace unos veinte años, en el curso de un enloquecido viaje de diez días por los Estados Unidos, con motivo de la aparición de una de mis novelas en inglés. [...] 

Pero las veinticuatro horas que pasé en Los Ángeles justificaron esa gira en la que casi dejo el pellejo. Comenzó al alba, cuando la encargada de pilotarme por las obligaciones del día me recogió en el hotel para llevarme al recinto de un college de un suburbio negro de la ciudad, donde, me explicó, había tenido que “refugiarse” el director del programa de radio que me iba a entrevistar. Se llamaba “El gusanillo de los libros” (no confundirlo con la “polilla”, por favor). “Los programas dedicados a la literatura tienen la vida difícil en este país”, precisó. Pero añadió que, pese a su apariencia paupérrima, “El gusanillo de los libros” era escuchado en toda California por la gente que visitaba librerías y compraba libros. Y que era un verdadero privilegio aparecer en él porque su editor era muy “discriminatorio” (palabra ['selectivo'] que en inglés es un elogio).

Sí, el local no podía ser más miserable. Un pequeño galpón oscuro, en un rincón perdido de un college de tercera o cuarta categoría, que dividía un cristal impulcro a un lado del cual estaba el técnico y su equipo de grabación y, al otro, el “gusanillo” en persona, sentado en una silla de inválido. Se trataba de un hombre joven, algo grueso, y que, pese a su limitación física, se movía con desenvoltura. Parecía muy serio. Me acurruqué como pude a su lado y me explicó que el programa, de una hora, consistiría en una primera media hora en la que él “contaría” mi libro a sus oyentes, ilustrando su relato con algunas lecturas, y que, en la segunda mitad, conversaríamos. Apenas comenzó a hablar quedé prendido de lo que decía y, casi inmediatamente, conquistado. Tenía la impresión de que hablaba de un libro ajeno, pero no porque traicionara en lo más mínimo mi historia, sino porque su síntesis más bien la embellecía, depurándola y reduciéndola a lo esencial. No hacía la menor crítica, no daba opinión personal alguna, se limitada a “contar” la novela con una neutralidad absoluta, desapareciendo detrás de los personajes y la historia, sustituyéndolos en cierto modo, con una destreza consumada y pequeños pero muy eficaces efectos -pausas, énfasis, cambios de tono- que enriquecían extraordinariamente aquello que contaba. No sólo había leído el libro de manera exhaustiva; había seleccionado de modo tan certero los fragmentos que me hizo leer que éstos, a la vez que ilustraban muy exactamente su relato, dejaban en el oyente una curiosidad afanosa sobre lo que vendría después.

El diálogo fue para mí tan sorprendente como la primera parte de su programa. Sus preguntas no incurrían en los inevitables lugares comunes ni se apartaban un segundo del libro que nos tenía allí reunidos. Más bien, me obligaban a retroceder a la época en que por primera vez tuve la idea de aquella ficción, a rememorar las experiencias que me la sugirieron, y, luego, al proceso que la fue plasmando en palabras, a las lecturas, ocurrencias, memorias de que me fui sirviendo a la hora de escribirla, y, por último, a revelar aquellas intimidades más secretas que, como ocurre casi siempre cuando uno escribe una novela, fueron apareciendo, atraídas misteriosamente por la imaginación para irrigarla, para dar apariencia de vida a los fantasmas. [...]

Cuando terminamos lo felicité, le agradecí, le dije que me había hecho aprender mucho sobre mí mismo, y que era un fabuloso contador de historias. Quedó un poco intimidado con mi entusiasmo. Era un hombre modesto, que, por lo visto, no tenía la menor conciencia de su genialidad. Él creía que con su programa no hacía otra cosa que satisfacer su pasión de lector y ganarse -seguro que a duras penas- los frejoles, tratando de contagiar a sus oyentes el apetito por la literatura. Pero la verdad es que “El gusanillo de los libros” era mucho más que eso. Una variante contemporánea de la antiquísima tradición de los contadores de historias, los remotos ancestros de los escritores, aquellos fantaseadores que desde la noche de los tiempos han acompañado la marcha de la historia verdadera añadiéndole una historia fingida, inventada, mentirosa, indispensable para hacer más grata, o menos ingrata, la vida de los seres humanos. Sólo que, “el gusanillo” de mi historia -es una vergüenza que no recuerde su nombre, o, acaso, nunca lo supe-, en vez de fraguar historias, las adaptaba, tomándolas de los libros que le gustaban y transformándolas en historias orales, como aquellas que narraban las hechiceras junto al fuego o cuentan todavía, en los pueblos antiguos, como Irlanda o las tribus indígenas del Canadá, de Estados Unidos, de México y Guatemala o de los Andes, los juglares ambulantes. [...] Qué ingratitud no recordar el nombre del “gusanillo” ni el del librero de Los Ángeles.” (MARIO VARGAS LLOSA, “El gusanillo de los libros“, El País, 21/08/2005)

periodismo digital, 1: Arianna Huffington Septiembre 23, 2010

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La comandante ‘blog’

“P. ¿Y qué opina del hecho de que Rupert Murdoch diga que los sitios agregadores de noticias son piratas y plagiadores?

R. Si miras los hechos, lo que hacemos es el uso justo en virtud de las actuales leyes de copyright. Solo se toma un párrafo, o así, y se pone un link a la historia original. De ese modo generamos mucho tráfico hacia esa historia. Por ese motivo tenemos constantes peticiones de reporteros de otros medios para que enlacemos a sus historias. Hay mucha gente, en muchas industrias, que lo pasa mal en el proceso de ajuste a la nueva realidad. Esta es una tecnología disruptiva que ha sacudido a los editores, mucha gente está pasando por tiempos duros, tiempos de tomar conciencia y reconocer las nuevas realidades.[…]

P. ¿Desaparecerán los periódicos?

R. No. Adoramos los periódicos, hay algo en nuestro ADN que nos hace amar los periódicos. Yo estoy suscrita a siete periódicos. No creo que vayan a desaparecer. Van a tener que ajustarse: algunos desaparecerán, pero los mejores se ajustarán y sobrevivirán. Nosotros queremos revitalizar el periodismo ciudadano, con más historias, más transparencia… Es fundamental no vender la integridad periodística a cambio de acceso, que es uno de los peligros: muchas veces, para conseguir la gran entrevista, ves a los periodistas entregar su independencia. (JOSEBA ELOLA, El País Domingo, 11/07/2010 )

Delibes, a lo lejos Abril 6, 2010

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—”En los años ochenta se puso de moda una curiosa expresión en el mundo literario: “la berza”. “La berza” era un cierto tipo de literatura española: realista, costumbrista incluso, y situada en España, la España mediocre y tristona del franquismo, especialmente la rural. “La berza”, huelga decirlo, no era una expresión cariñosa; los que en los años ochenta empezábamos a publicar la usábamos para burlarnos y desmarcarnos de nuestros mayores. Si ellos eran realistas, nosotros seríamos fantasiosos; si ellos se inscribían en la tradición española, nosotros leeríamos a los existencialistas franceses o al boom latinoamericano; si ellos se interesaban por la España de provincias, nosotros seríamos furiosamente cosmopolitas.” (Laura Freixas, en La Vanguardia, 18/03/2010)
—“En España gustan los personajes chulescos, quizás por un hábito muy antiguo de servilismo al que manda, y la mala educación se considera un síntoma de autenticidad, hasta de recia hombría. En España conviene ser arrogante, porque al que no lo es tiende a mirársele por encima del hombro, y porque es un país pomposo en el que hinchar el pecho y ahuecar la voz gana inmediatas simpatías. En España el desdén sarcástico se interpreta como un signo seguro de inteligencia, y el franco entusiasmo por algo, la abierta admiración, son tan perjudiciales como la llaneza.” (ANTONIO MUÑOZ MOLINA en El País, 20/03/2010)

anáforas poliédricas Abril 6, 2010

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*** Probablemente recuerden la imagen de Paul Wolfowitz, el todopoderoso neocon artífice de la guerra de Irak, mostrando al mundo sus [calcetines horadados]1 a la entrada de la mezquita Aya Sofía en Estambul. […] Luego, la siguiente imagen que rememoro es la del líder de la oposición, Mariano Rajoy, dando un mitin en Málaga en diciembre pasado con una mata de tomates2 en la mano. […] Esos tomates2, como los1 de Wolfowitz, también mostraban otra clamorosa desnudez, en este caso, la del debate nacional sobre política exterior. […] En el caso de España, la complejidad de la agenda bilateral con Marruecos, que abarca temas tan complejos como inmigración, drogas, terrorismo, derechos humanos, el Sáhara, debería ser un acicate para dejar de mirarnos el ombligo y, por una vez, mirar más allá de nuestros tomates1+2. (JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA en El País, 15/03/2010)

anáforas de sentido Enero 21, 2010

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*** La corte de Henry VIII, con su bullir de favoritas, esposas, parientes ambiciosos y avispados pajes (sin olvidar el cadalso), parecía una redacción de periódico en un momento de crisis. ¿Y qué me dicen de las Elizabeth? Cuando la monarquía1 británica se hizo parlamentaria2, ninguna de ambas1+2 instituciones1+2  perdió interés, bien al contrario. Seguía habiendo de todo, y la Casa Real no dejó de ofrecer Momentos Pánico. En nuestra era, Brown, como Major cuando gobernó, encarna la irrelevancia más sosa. ¡Pero qué grandes pérfidos fueron Margaret Thatcher y Tony Blair! ¡Qué hipócritas, cuán despiadados! (MARUJA TORRES, El País Semanal, 20/09/2009)